
El instinto dijo que iba a dejar huella en mí y no me equivoqué. Irrumpió en mi vida como un torbellino de pasiones desatadas, nervios a flor de piel y promesas vanas; irradiaba simpatía. El problema, o al menos parte de él, reside en su encanto y en su capacidad innata para vender lo que sea a quien sea, y en especial segundas oportunidades. Es un vendedor nato y como tal es capaz de resultar asombrosamente convincente cuando me dice que esta dispuesto a todo conmigo

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